el actuario antiguo

En la república romana del siglo II d.c., el actuario era, dicho de forma sencilla, el senador encargado de administrar los gastos del senado.

En la segunda mitad del siglo XVIII, aún y recordando este significado, comenzaron a llamar actuario al matemático M. Morgan, encargado de los cálculos probabilísticos para la obtención de las primas en la empresa aseguradora británica Equitable. A partir de este momento, a todos los que se ocupaban de este tipo de cálculos en diferentes países europeos también se les denominó actuarios.

en españa

En España  la evolución fue parecida al resto de países europeos. Hace dos siglos (s.XIX) se trataba de matemáticos o físicos que, posteriormente, se especializaban en seguros, como Miguel Merino, que calculó la primera tabla de mortalidad española en 1866; pero hasta finales del siglo no se les llamó actuarios.

A pesar de todo, enseguida fue evidente que la preparación estadística y matemática era insuficiente. Así, Mateo Puyol Lalaguna, actuario de lo que entonces era el equivalente a la actual Dirección General de Seguros, fue el encargado de preparar un plan de estudios para los futuros actuarios. En el año 1914, después de visitar las mejores universidades europeas del momento, propuso una serie de asignaturas (todas todavía vigentes en los actuales planes de estudios), que dieron lugar mediante el RD de fecha 16/4/1915, a los estudios para la obtención del título de actuario. Así comenzaron los estudios de ciencias actuariales y financieras.

 

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