En la república
romana del siglo II d.c., el actuario era, dicho de forma sencilla, el
senador encargado de administrar los gastos del senado.
En la segunda
mitad del siglo XVIII, aún y recordando este significado, comenzaron a
llamar actuario al matemático M. Morgan, encargado de los cálculos
probabilísticos para la obtención de las primas en la empresa
aseguradora británica Equitable. A partir de este momento, a todos los
que se ocupaban de este tipo de cálculos en diferentes países europeos
también se les denominó actuarios.
En España la evolución fue parecida al resto de países europeos. Hace dos siglos (s.XIX) se trataba de matemáticos o físicos que, posteriormente, se especializaban en seguros, como Miguel Merino, que calculó la primera tabla de mortalidad española en 1866; pero hasta finales del siglo no se les llamó actuarios.
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